La intervención del logopeda aporta seguridad a las personas con tartamudez
by Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid

En el Día Internacional de la Tartamudez, que se celebra hoy lunes, 22 de octubre, el Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM) se suma al lema de la Fundación Española de la Tartamudez #YoNoMeCallo y anima a las personas que tartamudean a decir lo que desean, cuando lo desean y sin limitaciones. Asimismo, aconseja hablar del problema para normalizar el trastorno. “Es necesario empezar a normalizar la tartamudez, con el fin de evitar la discriminación social y laboral que pueden sufrir las personas que tienen esta dificultad del habla, y para ello es necesaria más información y concienciación para eliminar el estigma que soportan”, indica la vocal del CPLCM, Ana Salvador. Pero también es clave que, tanto las personas con tartamudez como sus familiares, “se orienten y trabajen conjuntamente con los profesionales especializados para controlar las disfluencias y mejorar la autoestima”, sostiene esta especialista.

Según la Fundación Española de la Tartamudez, muchas de las personas con tartamudez, especialmente adultos, reconocen tener baja autoestima y miedo a hablar con los demás, lo que influye negativamente en sus relaciones sociales, personales y laborales. Esto se debe, según explica Ana Salvador, a que los adultos sufren más el peso emocional de la tartamudez. No obstante, “con una intervención adecuada se puede lograr un dominio de la expresión oral lo más funcional, relajada y fluida posible”.

 

En este sentido, el papel del logopeda es fundamental. Este profesional se encarga de corregir las disfluencias del habla, pero también otros comportamientos fisiológicos (tics, fuerza…) y verbales (evitaciones, sustituciones y muletillas) implicados en la tartamudez. De este modo, “aprenderán a comunicarse de forma más cómoda y ganarán en seguridad y calidad de vida”, asegura esta logopeda.

 

Detección precoz y actuación rápida

Una detección precoz de la tartamudez y una actuación rápida, entre los tres y los cinco años, garantizan mayor éxito en el control de las disfluencias. Se estima que el 5 % de los niños menores de cuatro años tienen disfluencias o interrupciones involuntarias en el habla que se consideran evolutivas, pero el 80 % de los casos se corrigen de manera natural. No obstante, es recomendable estar atento a este tartamudeo para, si persiste, consultar al logopeda, pues una intervención precoz puede evitar sufrimiento innecesario y complicaciones a corto y largo plazo. Así lo explica Ana Salvador: “Los logopedas podemos mejorar la vida de aquellas personas que tartamudean de manera  significativa trabajando, desde la etapa infantil, los cambios en el habla y estrategias positivas para abordar las disfluencias”.