“La esclerosis múltiple provocó que no reconociera mi voz”
by Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid

Mamen González tiene 44 años y vive en Madrid. Le diagnosticaron esclerosis múltiple primaria progresiva hace once años. Hasta ese momento no había oído hablar de la enfermedad, “ni la probabilidad de padecerla, ya que no tengo antecedentes familiares”, afirma.


 Su primer pensamiento: “Voy a ir en silla de ruedas”.  Y es que reconoce que “todos pensamos mucho más allá, y nos ponemos en lo peor”, aunque, en su caso, ha sido así. A pesar de ello, reconoce que “sigo teniendo la mente clara, porque si no dejas de ser tú mismo”.


La esclerosis múltiple ha cambiado la vida de Mamen por completo en todos los aspectos: laboral, social y familiar: “Dejas de trabajar, cambian hasta las amistades, la relación personal con tu pareja, con tu familia. Cambia todo y yo me he acoplado, sí. Ha cambiado, también”.


Síntomas de la esclerosis múltiple

El primer síntoma que apareció en el caso de Mamen fue la neuritis óptica, que se caracteriza por dolor con el movimiento del ojo y pérdida temporal de la visión. “Luego vino la parte de debilidad en la parte derecha del cuerpo, y donde más pronunciado lo tengo es en brazo y pierna”, indica.


También le afectó al habla, produciéndole ronquera y mucha fatiga. “La fatiga, en general, es mi peor síntoma”, sostiene y es lo que más le incapacita.


A pesar de ello, Mamen es bastante autónoma: “Me sigo aseando, comiendo y vistiéndome sola. Soy capaz de estar al día con las noticias. Estoy aficionándome a los audiolibros. Navego por internet. Dedico bastante tiempo a lo que me gusta, y lo convino con el deporte”.


Rehabilitación con logopedia

Acudió al logopeda porque empezó a notar poca movilidad en la cara y en la lengua, y además “mi voz era diferente”, concreta. “La notaba un poco rara, me costaba hablar y me daba mucha fatiga. Empecé con ronqueras y a perder la voz muy a menudo”.


Mamen tenía debilidad muscular del diafragma. Y esta debilidad y falta de tono muscular en esta zona le impedía tener una articulación, fonación y coordinación respiratoria efectiva a la hora de hablar.


Ahora que lleva trabajando un año y medio aproximadamente con su logopeda nota que habla más claro y que respira mejor.  “Desde que empezamos no he vuelto a quedarme afónica, estoy menos fatigada y he aprendido trucos para tragar mejor. Me escucho más claro. Se me entiende mejor. Mi voz vuelve a ser más yo”, se alegra.


La crisis sanitaria provocada por el COVID-19 ha supuesto un parón en la terapia de Mamen y lo que más desea ahora es volver a estar en el punto de antes de la pandemia, donde “tenía muy buen control fono-respiratorio, no me fatigaba tanto y me encontraba mucho mejor”, expresa.


Sus expectativas con respecto a la intervención con logopedia son claras: “Quiero poder hablar más claro, sin tanta fatiga. Que se me oiga más, y perder la ronquera. Que se me entienda mejor e intentar tener la voz y expresarme como lo hacía antes”. En cuanto a su vida personal, se marca el objetivo de ser lo más independiente posible, en todos los sentidos.