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“La comunicación y el lenguaje son armas muy poderosas para la inclusión de personas con discapacidad”
by Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid

Con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que se celebra el  lunes 3 de diciembre, queremos reflexionar sobre cómo la logopedia, a través de una intervención temprana y continuada en el lenguaje y la comunicación, puede favorecer la inclusión, socialización y calidad de vida de estas personas y sus familias. Para ello, entrevistamos a Iván Amado, logopeda colegiado, especialista en atención temprana y coordinador del Equipo Iria Centro de Atención Temprana y Tratamientos Psicopedagógicos Iria, entidad miembro de Plena Inclusión Madrid.

 

 

Algunas personas con discapacidad intelectual pueden tener problemas en el lenguaje. ¿Por qué sucede esto?

Las personas con discapacidad intelectual cuentan con dificultades en el lenguaje, esta disfunción es observada habitualmente en las etapas de adquisición y desarrollo del lenguaje, aunque existen casos que presentan lenguaje fluido y adecuado. Esto es debido a la relación existente entre el desarrollo cognitivo y el lingüístico, los cuales funcionan de forma recíproca. No olvidemos que el lenguaje entraña un aprendizaje muy abstracto.

 

Las habilidades comunicativas también pueden verse afectadas. ¿Cómo influye esto en su día a día?

Imaginémonos que nos lanzamos a la aventura de viajar a un país extranjero. Metemos en una maleta lo imprescindible para pasar unos días y disfrutar de otras culturas: de su gastronomía, arquitectura, naturaleza… Yo soy de los que piensan que conoces de verdad una ciudad cuando alguien de ahí te recomienda sitios que no aparecen en las guías de viaje. Pero claro, tenemos que ser competentes en la lengua o el dialecto del lugar que visitamos para poder obtener respuestas ajustadas a nuestras necesidades. Si no dominamos estas habilidades: ¿qué podemos hacer? Podemos dibujar qué lugar característico nos gustaría visitar o podemos hacer gestos para que entiendan que queremos comer. Pues no hace falta irse al extranjero, muy cerca, ciertas personas muestran estas dificultades; no pueden expresar con palabras, ni a veces con lo que no son palabras, sus necesidades o sentimientos. Este “ruido” en la comunicación hace que no sea efectiva, por lo que manejarse en el día a día supone verdaderamente una frustración muy grande cuando estas personas saben perfectamente qué quieren o necesitan, y el entorno no es capaz de dar respuesta.

 

¿Cree que los problemas de comunicación y de lenguaje afectan a la integración de las personas con discapacidad?

Las personas somos seres sociales y, por tanto, necesitamos de los demás para poder dar salida a las diferentes circunstancias de la vida. La carga comunicativa y lingüística del entorno, a medida que crecemos, cada vez es más compleja: el vocabulario con el que nos manejamos es mayor, se incrementan una serie de sutilezas en el lenguaje que no lo hace tan “limpio” (inferencias, metáforas, términos mentalistas como creer o saber…), los enunciados son más complejos…. ¿Serías capaz de rellenar un formulario típico para solicitar, por ejemplo, un préstamo bancario, sin ayuda? Aún con nuestras capacidades de comunicación y del lenguaje conservadas, a veces nos encontramos piedras en el camino. Imagínate cuando las exigencias son mayores a nuestras capacidades…

 

¿Considera que los problemas de comportamiento en esta población, en muchos casos, pueden estar relacionados con la menor habilidad comunicativa? Volvamos a nuestro viaje imaginario anterior. Después de todo el día caminando sin rumbo porque nadie entendía a dónde querías ir, sin haber podido disfrutar de la comida que querías porque en el restaurante han interpretado otro plato, después de tres taxis que no han dado con tu hotel, te bajas en un sitio que te suena, y se pone a llover chuzos de punta, y en la tienda te venden de todo menos un paraguas porque no los tienen a la vista y el dependiente te mira con cara rara…, ¿cómo te sentirías?

Este cúmulo de circunstancias, u otras similares de mayor o menor gravedad, van llenando, poco a poco, tu jarra con rabia, malestar, frustración, ansiedad… Y, a veces, el resultado es una explosión de emociones en las que, al igual que la tristeza o el miedo, la ira puede hacer acto de presencia. Es a lo que nos referimos con problemas de comportamiento. Pero lo más importante es que, en estas situaciones, estas conductas no son la causa del problema, son la consecuencia de unas dificultades en las capacidades comunicativas o del lenguaje. A veces, esta diferencia no se considera, y se “etiqueta” de mal educados o de molestos a personas que, en realidad, simplemente no pueden expresar sus necesidades y que, con las adaptaciones y ayudas necesarias, podrían hacerse entender.

 

¿Cómo se podría trabajar con las personas con discapacidad para mejorar sus habilidades comunicativas, y como consecuencia sus relaciones sociales e integración?

Lo importante es saber que todas las personas, con y sin discapacidad, tenemos puntos débiles y puntos fuertes. Tenemos que utilizar ambos, ya que unos se verán compensados por los otros. Por ejemplo: en las primeras películas no había sonido, por lo que el mayor peso de la actuación caía sobre la expresividad facial y los gestos pantomímicos; la limitación sonora no impedía que el actor o la actriz nos hiciera llegar cómo se siente su personaje ante una situación concreta.

Hoy en día, además de las terapias específicas, existen adaptaciones tales como comunicación bimodal, pictogramas, dibujos, comunicadores, lectura fácil, implantes, etc. Estas herramientas no suponen mucho y, sin embargo, abren un mundo de posibilidades a la persona (y al entorno más cercano) que los necesita.  Es importante valorar a cada persona de forma individual, adaptando la gran variedad de recursos existentes a la necesidad concreta que presente, considerando además sus prioridades en el día a día y sus necesidades, así como las de su familia.

 

¿Qué papel ocupan en todo esto los logopedas?

Me llama mucho la atención que mucha gente no sabe exactamente qué es un logopeda. Una de las relaciones que más gracia me hace es la que tiene que ver con la podología… Por otro lado, está el grupo de gente que considera que al logopeda se va sólo a decir “el perro de San Roque no tiene rabo” o enseñar a hablar. También se nos asocia muchas veces simplemente con población infantil, pero no son las únicas personas que se pueden beneficiar. Se van acercando pero no acaban de dar en el clavo. Esto es decir algo de lo que hacemos, pero no lo es todo. Las logopedas podemos ayudar en los casos en el que la voz se ve afectada, el lenguaje (oral u escrito, tanto en comprensión como en expresión), el habla, la comunicación u otras funciones, como por ejemplo, la deglución. Hay muchos aspectos en los que la figura del logopeda puede ayudar a mejorar la calidad de vida de estas personas, sin limitarnos a realizar ejercicios de pronunciación simplemente.

 

¿Cómo se deben trabajar y a partir de qué edad se recomienda?

Como experto en atención temprana, mi respuesta a la pregunta sobre a qué edad se recomienda iniciar los tratamientos específicos no puede ser otra que cuanto antes mejor. Tenemos que aprovechar la plasticidad cerebral en las primeras etapas del desarrollo para generar nuevas conexiones que compensen, con las ayudas necesarias, las dificultades presentadas.

No podemos quitarle importancia a la detección precoz, ya que es vital para lograr que, en un futuro, las personas con dificultades adquieran las herramientas necesarias para poder manejarse con la mayor autonomía posible. En relación a cómo se debe trabajar, no podemos olvidar que los seres humanos somos un todo. No podemos disociar el área motriz de la cognitiva o de comunicativa-lingüística. Por ello, el trabajo transdisciplinar es muy importante, ya que la visión de varios profesionales de diferentes ámbitos favorecen este desarrollo.

 

¿En qué aspectos se intervienen?

Cada persona es un mundo, y la intervención, como hemos dicho, ha de tenerlo en cuenta. Podemos orientar nuestra intervención hacia un lugar determinado, pero no podemos generalizarlo, ya que lo que es válido para una persona no lo es para otra. Debemos saber sus intereses, sus fortalezas, sus destrezas…, no sólo sus debilidades.

Muchas veces nos centramos únicamente en los datos clínicos, obtenidos mediante observación sistemática o mediante pruebas psicométricas, pero no es lo único. A partir de aquí, intervendremos, por ejemplo, sobre el habla, en el caso que sea necesaria la fluencia o la dificultad articulatoria, o sobre la comunicación, si la persona en cuestión no muestra la intención de intercambiar estados de ánimo con los demás, o, si mostrando dicha intención, no puede hacerlo mediante el lenguaje oral, o trabajaremos la deglución en el caso en el que se aprecien dificultades al tragar.

 

¿Considera que los resultados pueden ser satisfactorios?

Siempre y cuando el trabajo lo realice personal cualificado y con formación específica y continua, los resultados van a ser satisfactorios.

Es cierto que, a veces, la evolución no es tan rápida como cabría esperar o en relación a las expectativas. Pero en la mayoría de los casos, cuando se tiene en cuenta todo lo comentado hasta ahora (individualidad, apoyos…), la evolución es muy favorable.

Debemos considerar que nuestro campo está en constante evolución, y que lo que ayer valía hoy se ha demostrado que no es tan “milagroso” como se pensaba. Por ello, es muy importante llevar a cabo prácticas basadas en evidencia que nos ayuden en la toma de decisiones sobre el cuidado de estas personas y su entorno.

 

¿De qué otro modo relacionado con la comunicación podemos conseguir una mayor integración de las personas discapacidad?

Vuelvo a plantear aquí una pregunta que ya hice anteriormente: ¿cuánto nos cuesta rellenar los formularios de la administración de una forma autónoma? La vida cotidiana tiene que estar preparada mediante prácticas que ayuden a identificar y derribar barreras comunicativas que impidan, en mayor o menor medida, que las personas con discapacidad puedan llevar a cabo acciones cotidianas sin dificultades extra, más allá de las que nos encontraríamos nosotros.

Por otro lado, un aspecto que se pasa por alto es que la comunicación y el lenguaje son unas armas muy poderosas. Cómo las usemos y cómo enseñemos al resto de personas a emplearlas, al referirnos a discapacidad, facilitarán la generalización de un trato sin discriminación, ayudando a eliminar falsas creencias, estigmas o estereotipos.

Una frase que me gusta mucho es la de Daniel Comín, cofundador y editor de Autismo Diario: “Si enseñamos a aceptar la diversidad como algo normal, no será necesario hablar de inclusión, sino de convivencia”.