Raquel-Escobar
“Cada día los clínicos tenemos más evidencias sobre cómo intervenir adecuadamente sobre el habla de las personas que tartamudean”
by Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid

Entrevista

Raquel Escobar Díaz. Logopeda experta en tartamudez

 

¿Cuáles son los avances más destacados en la investigación de la tartamudez? 

En los últimos años, gracias a la investigación, hemos conseguido dar respuesta a múltiples incógnitas en torno a la tartamudez.  Cada día se publican nuevos estudios que aportan luz, tanto a los fundamentos teóricos en torno al origen de la tartamudez persistente como de los tratamientos.

 

Son múltiples las líneas de investigación actual, pero personalmente creo que merecen especial mención, por su relevancia a nivel clínico, dos grandes líneas: la de la tartamudez infantil y la de la neurofisiología.

 

En el caso de la tartamudez infantil, porque, después de décadas de sequía  en lo que a investigación en tartamudez temprana se refiere, por fin tenemos numerosos estudios poblacionales  que están ayudando a entender la disfemia en sus primeras etapas: sus características,  evolución y  tratamiento.

 

En lo referente a la neurofisiología, los aspectos neurológicos y fisiológicos que tanto ayudan en el enfoque del tratamiento. Los estudios con neuroimagen descubren cada día  las implicaciones a nivel cerebral, en la que los núcleos de la base tienen un papel protagonista en génesis de la tartamudez. Por otra parte, las electromiografías y fibroscopias nos explican qué sucede en el tracto vocal de las personas con tartamudez.

 

Con todo ello, cada día los clínicos tenemos más evidencias sobre cómo intervenir adecuadamente sobre el habla de las personas que tartamudean.

 

 

¿Cómo se manifiesta la tartamudez en la persona adulta? ¿Existen diferencias significativas entre niños y adultos?

La tartamudez en la edad adulta se caracteriza por la presencia de los comportamientos primarios, es decir las disfluencias del habla, junto a múltiples y complejos comportamientos secundarios. Tanto unos como otros variarán de una persona a otra, pero, por lo general, el devenir particular y la convivencia con el problema, así como la personalidad de cada individuo, hacen que los últimos, los secundarios, compliquen un cuadro que en etapas iniciales era mucho más sencillo.

 

Los comportamientos secundarios los podemos clasificar en tres grupos: fisiológicos (fuerza, tics, etc.), verbales (evitaciones, sustituciones, muletillas, etc.) y emocionales (ansiedad, miedo, baja autoestima, etc.).

 

Los niños desde sus primeras disfluencias presentan respuestas o comportamientos de tipo fisiológico y verbal, pero en menor medida de carácter emocional. Sin embargo los adultos sufren más el peso emocional de la tartamudez.

 

Otra de las cuestiones en que difieren la tartamudez infantil y la adulta es su variabilidad. Esta característica, tan presente en cualquier etapa, es sin duda mucho más caprichosa en los primeros años, pudiendo observar periodos de remisión incluso total, seguidos de altísimos niveles de severidad puntual. Los adultos, por el contrario, presentan una variabilidad algo menos extrema.

 

En cuanto al análisis de las disfluencias, podemos observar dos factores en ellas: frecuencia y severidad. La frecuencia en infantil suele ser menor, pues se presenta fundamentalmente al inicio de cada emisión. Sin embargo, el adulto puede presentar con mayor facilidad disfluencias en otros puntos del discurso.

 

Si bien, hay que señalar que múltiples estudios confirman la existencia de un componente previo a la fonación tanto en infantil como adulta. Esto se explica por medio de movimientos espasmódicos, hipertensión, etc. en los músculos de la laringe encargados de la puesta en marcha de las cuerdas vocales.

 

Desde la perspectiva fisiológica se observan, tanto en niños como adultos, disfluencias en cualquier punto del tracto vocal, siendo siempre el que provoca mayor frustración y, por ende, más respuestas físicas, aquel que afecta con mayor intensidad a la glotis, el bloqueo áfono.

 

¿En qué consiste el abordaje logopédico en adultos con tartamudez?

El abordaje en adultos que tartamudean, a menudo, debe ser combinado, es decir, logopedia y psicología.

 

Desde el punto de vista de la logopedia, el tratamiento para el habla precisa fundamentalmente de técnicas enfocadas a modificar el patrón de habla hacia la suavidad.

 

No es necesario practicar aspectos motrices y respiratorios aislados y en reposo, pues la persona que tartamudea no presenta dificultad a nivel periférico. Será durante la fonación cuando aparezcan las disfluencias y, por tanto, los tratamientos deben basarse en modificar ciertos parámetros como velocidad, volumen, e impactos articulatorios, poniendo especial interés en suavizar los inicios del habla.

 

Si bien es de suma importancia recordar que previo al trabajo del patrón de habla hay que extinguir los comportamientos secundarios existentes. Al logopeda le tocará abordar los de tipo fisiológico (extinguir tics, fuerza, etc.) y verbales (muletillas, evitaciones, etc.).

 

¿Qué deben saber los logopedas?

Es sumamente importante para los clínicos recordar que el tratamiento nunca se debe quedar en las dinámicas dentro de la consulta. Una vez adquirido el patrón de habla tendremos que ayudarle y acompañarle en la generalización del mismo, al igual que en otras patologías. En este caso en concreto será necesario realizar una correcta programación en base a situaciones, personas, temas, etc.

 

 

¿Por qué es fundamental la intervención temprana de un logopeda?

La intervención o seguimiento desde el principio del problema es necesario para conseguir prevenir la aparición de comportamientos secundarios de cualquier tipo. A demás, el patrón de habla en los más pequeños aún no estará totalmente adquirido y será mucho más fácil su automatización.

 

Así pues, lo que en épocas atrás derivaba en cuadros severos de tartamudez, por culpa de la estigmatización del problema y de la ausencia de tratamientos, hoy podemos comprobar que evoluciona hacia una tartamudez mucho más fluida, un habla más libre y sin implicaciones emocionales graves.

 

El tratamiento temprano y el acompañamiento a las familias, hace que la tartamudez sea normalizada, sea tratada desde el hogar sin estigmas, con naturalidad.

 

 

Además del tratamiento, ¿qué otros consejos podrías dar a las personas que tartamudean y sus familiares?

Hablar del problema en ciertas situaciones se hace imprescindible y no sucede nada, al contrario, ayuda a normalizar el problema.

 

La tartamudez nunca debe ser una vergüenza para nadie, pero menos aun para la persona que la padece y su familia.

 

El niño, adolescente y adulto con tartamudez debe decir lo que desea, cuando lo desea y sin limitaciones.

 

Trabajando desde pequeños todos estos aspectos, junto a los cambios en el habla y estrategias positivas para salir de las disfluencias los logopedas podemos mejorar la vida de quien tartamudea de manera muy significativa.